viernes, 30 de octubre de 2009



El frío parecía más intenso encajonado en las calles torcidas. Y el firmamento se convertía en tiras abrillantadas entre las azoteas casi juntas. Había una soledad impresionante, como si todos los habitantes de la ciudad hubiesen muerto. Algún quejido en el aire palpitaba allí. Nada más.
Nada, Carmen Laforet
[I'm running out of dreams to live for...]

martes, 27 de octubre de 2009

Ágora: una grata sorpresa


Ayer tuve la oportunidad de ver la nueva película del director Alejandro Amenábar. Para ser sincera, mis expectativas no eran muy altas dadas las malas críticas que había escuchado hasta entonces. Pero tras haberla visto puedo afirmar que Ágora es una auténtica joya dentro del cine de superproducción. Frente a las tradicionales producciones megalómanas pero vacías de significado, esta película es capaz de transmitir por fin un mensaje que trasciende: la prevalencia del pensamiento crítico sobre la manipulación ideológica.
La actividad intelectual de la filósofa Hipatia y el avance del cristianismo como religión mayoritaria en la Alejandría de finales del siglo IV y principios del V d.C., son las líneas narrativas que sirven de sustento a la verdadera historia, que no es sino una reflexión sobre la fundamentación de las ideologías.
Ágora es una de esas películas que deben ser vistas con cierto cuidado y atención para no perdernos en los elementos superficiales de la misma. Las virulentas luchas entre cristianos, paganos y judíos, el amor idealizado de Davo o las investigaciones de Hipatia nos distraen y al mismo tiempo nos conducen a la conclusión final: toda doctrina que acabe sucumbiendo a la utilización de medios violentos y demagógicos para obtener sus objetivos, anulando toda capacidad de autocrítica, está condenada a perder su legitimidad. Me parece muy interesante este tratamiento poco corriente del cristianismo como una ideología que, como tantas otras, terminó recurriendo a las actitudes que tanto había rechazado, y que además son absolutamente contrarias a sus principios doctrinales. Así mismo aparece reflejado el retroceso cultural que el cristianismo supuso para Europa en el ámbito de la filosofía y de la ciencia al rechazar todo el saber antiguo (pagano) como consecuencia del autoritarismo e incuestionabilidad de sus bases – no es posible negar la “Palabra de Dios”-. Es cierto que la película adolece de cierto maniqueísmo, pero conviene no dejarse guiar sólo por los recursos que los directores emplean para captar la atención del público, sino intentar leer entre líneas para extraer su auténtico significado.
Por otra parte, Amenábar hace todo un alarde de técnicas cinematográficas cuidando cada escena, cada pequeño detalle; realizando increíbles movimientos de cámara que consiguen atrapar al espectador en una espiral de acción frenética; demostrando que es capaz de manejar tan ingente despliegue de medios para obtener un resultado admirable. A ello habría que añadir las magníficas interpretaciones del reparto, entre las que destacaría la de la protagonista, Rachel Weisz, que dota al personaje de Hipatia de una elegancia y naturalidad inigualables.
Desde luego, nos encontramos ante una llamada de atención en estos tiempos de indeterminación en que muy poca gente se cuestiona, como Hipatia de Alejandría, el sentido de la realidad, la capacidad para cambiar el mundo. Con Ágora, Amenábar nos invita a reflexionar, y nos recuerda que pensar nos hará libres, ahora y siempre.

lunes, 12 de octubre de 2009

Oda al (a)patriotismo

Soy española. Pero también soy un poquito inglesa, francesa, italiana, canadiense, americana, colombiana, brasileña, suiza, checa, japonesa, koreana... Pertenezco a tantos lugares como personas han dejado su huella en mí, como lugares conozco a los que podría llamar “hogar”.
Nacionalidad es procedencia y no exclusivamente pertenencia. Estamos hechos de una pasta antigua modelada por nuestros padres, hermanos y amigos; cocida a fuego lento por el peso de la cultura y marcada por una ideología determinada. Pero una vez terminado este proceso somos navegantes en potencia. Es tan grande el mundo y tan incierto el futuro, hay tanto por conocer y tanto por vivir, que me resulta absurdo creer en una adscripción definitiva a un territorio fuera de la propia voluntad de formar parte de él. No podemos negar lo que somos, ni de dónde venimos. Pero sí podemos elegir hacia dónde dirigir nuestros pasos para hallar nuestro lugar en el mundo, esa patria cuya llamada no se puede olvidar. O tal vez para intentar no conseguirlo nunca y vivir así en una eterna Babilonia.


[Confesiones de una ciudadana del mundo]