viernes, 28 de agosto de 2009

Up

Hace sólo unos días que tuve la oportunidad de ver en el cine la nueva película de los estudios Pixar: Up. Bajo este conciso y sugestivo título se esconde una tierna historia con la que los creadores de Toy Story se superan una vez más.
Y es que con Up las películas infantiles recuperan el valor sentimental y educativo que quizá habían perdido con el “boom” del cine en 3D, generador por otra parte de producciones divertidas pero ciertamente vacías de significado.
Los nuevos tiempos requieren nuevas historias que ayuden a nuestros niños a crecer en un mundo cada vez más hostil. Atrás quedaron los valores machistas y tal vez un poco “ñoños” transmitidos por la casa Disney. Así, en esta nueva entrega de la saga Pixar los protagonistas son Carl, un anciano vendedor de globos incapaz de llevar a cabo el sueño de su vida, y Russell, un niño de ocho años ignorado por sus padres. Ambos forman parte de dos sectores discriminados en la sociedad actual por ser considerados como una carga en un mundo cada vez más dominado por la tecnología y el consumismo. Una sociedad que, paradójicamente, ha olvidado la importancia de la comunicación real entre personas en la llamada “era de las comunicaciones”. Juntos tratarán de cumplir el sueño de Carl y su esposa: viajar a las “Cataratas Paraíso” en América del Sur.
Os animo a todos a ver esta comedia que nos recuerda que nunca es demasiado tarde para realizar nuestros sueños y que devuelve su auténtico valor a las relaciones personales en detrimento de lo material.

Up: una aventura de altura, desde luego que sí.

miércoles, 19 de agosto de 2009


La vida es absurda. Un paso equivocado, una decisión tomada tardíamente, la simple falta de reflejos ante un golpe inesperado...y estamos fuera del juego. Nos pasamos media vida marcando el límite entre el bien y el mal, debatiéndonos entre el querer y el poder, entre el sueño y la realidad, sin ser conscientes del insignificante papel que jugamos en el desarrollo de los acontecimientos. Es entonces cuando nos sumimos en un estado de ataraxia para olvidar la crueldad de los mecanismos vitales que nos recuerdan que no somos libres, porque no hay alternativas más allá de seguir caminando; que tampoco somos omnipotentes, porque hay cosas que escapan a nuestro control; y por encima de todo, que no somos inmortales, que bailamos diariamente con esa negra sombra que es la Muerte, esa que nos esforzamos tanto en ignorar pero que sigue ahí, al acecho, esperando paciente su turno para jugar con nosotros a ese juego de final premeditado en el que alguien decidió que participásemos sin darnos a conocer sus reglas. Y nosotros, ignorantes, ilusos, sólo pensamos en tirar el dado y avanzar lo más rápido posible en el tablero de la vida, sin detenernos a pensar en que cada turno desaprovechado es una partida ganada para Ella. Hacerse adulto consiste en ir conociendo poco a poco dichas reglas pero, ¿no implica también la aparición de un sentimiento de rebeldía innato al ser humano? ¿Tú, que estás leyendo esto, serás capaz de conformarte sólo con tirar el dado, o te atreverás a saltarte las normas del juego?
Ahora, es tu turno.

lunes, 10 de agosto de 2009


No estaba asustado; simplemente era otra persona, un extraño, y mi vida entera era una vida fantasmal, la vida de un fantasma. Estaba a medio camino atravesando América, en la línea divisoria entre el Este de mi juventud y el Oeste de mi futuro, y quizás por eso sucedía aquello allí y entonces, aquel extraño atardecer rojo.

Jack Kerouac, En el camino