20 de Enero de 2009
Barak Hussein Obama jura el cargo de Presidente convirtiéndose en el primer presidente afroamericano de la Historia de los Estados Unidos. Su primer discurso como líder indiscutible del país ha sido todo un ejemplo de oratoria y demagogia, como todo buen parlamento debe ser. Apenas ha nombrado el racismo, o la nefasta administración del país llevada a cabo por su predecesor, George Bush. En su lugar ha hablado de ESPERANZA, UNIÓN Y TRABAJO, de recuperar los VALORES que han permitido a la nación estadounidense erigirse, en apenas 200 años, como la potencia más poderosa del mundo.
En momentos de crisis y desaliento me gustaría creer en el poder de la PALABRA. Cuando ya no hay nada en qué confiar, nadie que nos tienda una mano franca y segura, un horizonte vacío, la PALABRA debería ser capaz de convertirse en nuestra guía. La Historia ha demostrado el poder de la PALABRA para denunciar la realidad, levantar a un pueblo, infundir ánimo cuando todo se creía perdido; en definitiva, para dar forma a los SUEÑOS.
Hemos perdido la fe en la PALABRA: los mensajes de nuestros dirigentes despiertan la incredulidad y el escepticismo, fomentan la división y el rencor, amansan el espíritu de un pueblo que se siente domesticado e impotente. El mundo necesita PALABRAS. No se trata de ser idealistas o ilusos, la PALABRA es sólo el comienzo de la ACCIÓN. De lo que hablo es de recuperar la confianza en ellas, de devolverles el poder perdido para movilizar pensamientos y corazones. Pero para ello es necesario escucharlas, comprenderlas y hacerlas nuestras. Ignorarlas únicamente nos conducirá a la manipulación y al caos. Sólo si volvemos a creer en ellas serán capaces de abanderar la lucha por un futuro mejor para todos, de dibujar con trazo firme un camino que seguir, una nueva puerta que abrir, de inmortalizar momentos históricos como el de hoy.




